Tenga el juez una oreja para el demandante, y la otra, para la otra parte.


Tenga el juez una oreja para el demandante, y la otra, para la otra parte.
Aconseja ser rigurosamente ecuánime en la atención a las partes que comparecen en una disputa. Como Alejandro Magno, que oía siempre a los querellantes con una oreja tapada y decía: «Reservo la otra oreja para el inculpado.».

Diccionario de dichos y refranes. 2000.


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